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Conclusiones finales del Prácticum: una mirada integradora y reflexiva

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Conclusiones finales del Prácticum: una mirada integradora y reflexiva

Esta experiencia de Prácticum ha supuesto un proceso de aprendizaje profundo, coherente y progresivo, en el que la teoría y la práctica se han entrelazado de forma significativa. A lo largo de las prácticas he podido participar activamente en un proyecto de educación emocional y acompañamiento digital dirigido a jóvenes con discapacidad intelectual que han vivido experiencias de bullying, lo que me ha permitido comprender la complejidad de las intervenciones psicopedagógicas en contextos reales. Desde una visión global, el Prácticum…
Esta experiencia de Prácticum ha supuesto un proceso de aprendizaje profundo, coherente y progresivo, en el que la teoría…

Esta experiencia de Prácticum ha supuesto un proceso de aprendizaje profundo, coherente y progresivo, en el que la teoría y la práctica se han entrelazado de forma significativa. A lo largo de las prácticas he podido participar activamente en un proyecto de educación emocional y acompañamiento digital dirigido a jóvenes con discapacidad intelectual que han vivido experiencias de bullying, lo que me ha permitido comprender la complejidad de las intervenciones psicopedagógicas en contextos reales.

Desde una visión global, el Prácticum ha favorecido el desarrollo de competencias clave como la observación sistemática, la reflexión crítica sobre la práctica, el trabajo en equipo multidisciplinar, el diseño y evaluación de intervenciones ajustadas a las necesidades de las personas y el posicionamiento ético y profesional como psicopedagoga. Especialmente relevante ha sido la incorporación de la educación emocional y la metacognición como ejes vertebradores de la intervención, culminando en espacios de cierre y reflexión como el taller “Lo que he aprendido de mí”, donde los aprendizajes personales y emocionales adquirieron un valor central.

Este proceso me ha permitido revisar de forma crítica mi propio rol profesional, reconociendo tanto mis fortalezas como los aspectos a seguir desarrollando. He aprendido a situarme desde una actitud de acompañamiento, escucha y respeto, entendiendo que la intervención psicopedagógica no se limita a la aplicación de técnicas, sino que implica la construcción de vínculos, la adaptación constante y la comprensión del contexto social y educativo de las personas.

Asimismo, el Prácticum ha facilitado una conexión clara con los contenidos trabajados en las diferentes asignaturas del Máster, como la educación inclusiva, la intervención psicopedagógica, la evaluación cualitativa, la ética profesional y la atención a la diversidad. Estos contenidos han dejado de ser únicamente teóricos para convertirse en herramientas reales de análisis, toma de decisiones y mejora de la práctica educativa.

Como conclusión, esta experiencia ha reforzado mi identidad profesional y mi compromiso con una psicopedagogía crítica, inclusiva y centrada en la persona. El Prácticum ha sido un espacio de crecimiento personal y profesional que me ha permitido consolidar aprendizajes, cuestionar miradas previas y reafirmar la importancia de una intervención psicopedagógica orientada al bienestar, la autonomía y la mejora de la calidad de vida de las personas.

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Reflexiones del diario personal: trabajo en equipo, mirada psicopedagógica e identidad profesional

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Reflexiones del diario personal: trabajo en equipo, mirada psicopedagógica e identidad profesional

Descripción de la reflexión Esta entrada recoge una reflexión personal y profesional sobre mi experiencia de trabajo en equipo multidisciplinar, la aportación específica de la psicopedagogía en el contexto de prácticas, la relación establecida con las personas beneficiarias de la intervención y el proceso de construcción de mi identidad profesional como futura psicopedagoga. La reflexión se basa en la observación directa, la participación activa en el proyecto de intervención y el análisis crítico del propio rol dentro del equipo y…
Descripción de la reflexión Esta entrada recoge una reflexión personal y profesional sobre mi experiencia de trabajo en equipo…

Descripción de la reflexión

Esta entrada recoge una reflexión personal y profesional sobre mi experiencia de trabajo en equipo multidisciplinar, la aportación específica de la psicopedagogía en el contexto de prácticas, la relación establecida con las personas beneficiarias de la intervención y el proceso de construcción de mi identidad profesional como futura psicopedagoga. La reflexión se basa en la observación directa, la participación activa en el proyecto de intervención y el análisis crítico del propio rol dentro del equipo y de la institución.

Reflexiones relacionadas con el trabajo en equipo multidisciplinar

Mi posicionamiento ante otros/as profesionales

Durante las prácticas he procurado posicionarme desde una actitud de respeto, escucha activa y colaboración, reconociendo el saber experto de las formadoras y del resto de profesionales del centro. He entendido mi rol como psicopedagoga en prácticas no desde la imposición, sino desde la aportación progresiva, fundamentada teóricamente y ajustada al contexto. Este posicionamiento me ha permitido generar relaciones profesionales basadas en la confianza y el reconocimiento mutuo.

Dificultades encontradas en el trabajo en equipo

Una de las principales dificultades ha sido encontrar el equilibrio entre proponer iniciativas propias y respetar las dinámicas ya establecidas en el centro. En algunos momentos, la diversidad de enfoques profesionales implicó tiempos más largos de consenso y ajustes continuos en la planificación. Asimismo, la falta de tiempo para la coordinación formal limitó en ocasiones la posibilidad de profundizar en la evaluación conjunta de las intervenciones.

Propuestas de mejora en el trabajo en equipo

Para mejorar los resultados del proyecto, considero necesario reforzar espacios estables de coordinación interdisciplinar, donde se compartan observaciones, se consensúen objetivos y se evalúe de forma conjunta el impacto de las intervenciones. La incorporación sistemática de momentos de reflexión compartida permitiría optimizar recursos, unificar criterios y enriquecer las actuaciones desde miradas complementarias.

Aportaciones personales al equipo

Mi principal aportación al equipo ha sido la introducción de una mirada psicopedagógica centrada en la educación emocional, la metacognición y la adaptación de materiales en lectura fácil. También he contribuido a generar espacios de reflexión sobre el impacto emocional de las experiencias previas de bullying y sobre la importancia del acompañamiento respetuoso en los procesos formativos.

Reflexiones relacionadas con la psicopedagogía

Aportación de la perspectiva psicopedagógica al equipo

La psicopedagogía aporta al equipo una mirada integradora que conecta los aspectos emocionales, cognitivos, sociales y contextuales de las personas. Esta perspectiva permite comprender las conductas no como hechos aislados, sino como respuestas a trayectorias vitales marcadas por experiencias educativas y sociales concretas.

Aspectos psicopedagógicos aportados al centro de prácticas

Durante el Prácticum he aportado herramientas de evaluación cualitativa, estrategias de educación emocional y propuestas de intervención ajustadas a las necesidades reales del grupo. Asimismo, he contribuido a introducir el concepto de alfabetización digital emocional, ampliando la intervención más allá del ámbito académico hacia la vida cotidiana de los jóvenes.

Intervenciones más ajustadas a las necesidades detectadas

La intervención que mejor se ajusta a las necesidades del grupo es aquella que combina educación emocional, acompañamiento individualizado y trabajo grupal, con metodologías activas, visuales y participativas. Este enfoque favorece la implicación de los jóvenes y promueve aprendizajes significativos y transferibles a otros contextos.

Reflexiones relacionadas con las personas beneficiarias de la intervención

Relación con las personas usuarias

La relación establecida con los jóvenes ha sido cercana, respetuosa y basada en la confianza. He procurado situarme desde un rol de acompañamiento, evitando posiciones jerárquicas y favoreciendo un clima de seguridad emocional que permitiera la expresión libre de vivencias y emociones.

Visión de mi tarea como psicopedagoga

Los participantes han percibido mi tarea como una figura de apoyo y referencia, asociada a la escucha, la calma y la ayuda para comprender lo que sienten. Esta percepción refuerza la importancia del vínculo como elemento clave de la intervención psicopedagógica.

Relación de las personas usuarias con la institución

La relación de los jóvenes con la institución es, en general, positiva y se caracteriza por un sentimiento de pertenencia y seguridad. No obstante, las experiencias educativas previas influyen en su manera de posicionarse ante el aprendizaje, lo que refuerza la necesidad de intervenciones emocionalmente reparadoras.

Participación en la intervención

La participación fue progresiva y creciente a lo largo del proyecto. A medida que se consolidó el clima de confianza, los jóvenes mostraron mayor implicación, iniciativa y capacidad de reflexión sobre su propio proceso.

Reflexiones relacionadas con la propia identidad profesional

Límites, potencialidades y habilidades personales

Las prácticas me han permitido identificar tanto mis límites como mis potencialidades. Entre los límites, destaco la necesidad de seguir desarrollando recursos para la gestión de situaciones emocionalmente intensas. Entre las potencialidades, he descubierto habilidades como la escucha activa, la empatía, la capacidad de adaptación y la contención emocional.

Relación entre el Máster y la práctica

El proceso de aprendizaje del Máster ha encontrado en estas prácticas un espacio de aplicación real y significativa. Los contenidos teóricos sobre educación emocional, inclusión, evaluación psicopedagógica y ética profesional han cobrado sentido al ser puestos en práctica en un contexto real, reforzando un aprendizaje profundo y experiencial.

Reflexión final

Esta experiencia ha sido clave en la construcción de mi identidad profesional. Me ha permitido posicionarme como psicopedagoga desde una mirada ética, reflexiva y comprometida con el bienestar de las personas. He comprendido que el trabajo psicopedagógico requiere no solo conocimientos técnicos, sino también sensibilidad, capacidad de diálogo y una actitud constante de aprendizaje y revisión de la propia práctica.

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Reflexiones del diario personal: mirada crítica sobre el contexto de intervención

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Reflexiones del diario personal: mirada crítica sobre el contexto de intervención

Descripción de la reflexión Esta entrada recoge una reflexión personal y profesional sobre el contexto en el que se desarrolla la intervención psicopedagógica realizada durante el Prácticum en la Fundación Asindown. A partir de la observación directa, la participación en el día a día del centro y el acompañamiento a jóvenes con discapacidad intelectual, se analizan las consecuencias sociales, educativas y emocionales que derivan de la situación de los colectivos atendidos, así como las políticas educativas y sociales que influyen…
Descripción de la reflexión Esta entrada recoge una reflexión personal y profesional sobre el contexto en el que se…

Descripción de la reflexión

Esta entrada recoge una reflexión personal y profesional sobre el contexto en el que se desarrolla la intervención psicopedagógica realizada durante el Prácticum en la Fundación Asindown. A partir de la observación directa, la participación en el día a día del centro y el acompañamiento a jóvenes con discapacidad intelectual, se analizan las consecuencias sociales, educativas y emocionales que derivan de la situación de los colectivos atendidos, así como las políticas educativas y sociales que influyen en dicha realidad.

La reflexión se plantea desde una mirada crítica y ética, entendiendo que la práctica psicopedagógica no puede desligarse del contexto sociopolítico en el que se produce, ni de las condiciones estructurales que influyen en la calidad de vida de las personas con las que intervenimos.

Reflexiones relacionadas con el contexto

Consecuencias de la situación de los colectivos atendidos

Una de las principales consecuencias observadas en los jóvenes con los que he intervenido es el impacto emocional acumulado de experiencias previas de exclusión, acoso escolar y falta de comprensión en etapas educativas anteriores. Estas vivencias no solo afectan a la autoestima y a la percepción de valía personal, sino que condicionan profundamente su forma de relacionarse, su tolerancia a la frustración y su participación en contextos grupales y formativos.

A nivel educativo, estas trayectorias discontinuas generan inseguridad, miedo al error y dependencia excesiva de la validación externa. En el ámbito social y digital, estas carencias emocionales aumentan la vulnerabilidad ante situaciones de riesgo, especialmente en el uso de redes sociales, donde la necesidad de aceptación puede derivar en conductas impulsivas o poco seguras. Todo ello evidencia que las consecuencias de la exclusión no son puntuales, sino acumulativas y profundamente estructurales.

Políticas educativas y sociales que influyen en esta situación

Las situaciones observadas no pueden entenderse únicamente desde una perspectiva individual. Existen políticas educativas y sociales que, aunque promueven la inclusión desde un marco normativo, no siempre se traducen en prácticas reales y efectivas en los centros educativos ordinarios. La falta de recursos humanos especializados, la escasa formación del profesorado en educación emocional y atención a la diversidad, así como la presión por cumplir currículos poco flexibles, contribuyen a que muchos alumnos con discapacidad intelectual no reciban el acompañamiento que necesitan.

Asimismo, la fragmentación entre los ámbitos educativo, social y laboral dificulta la continuidad de los apoyos, generando transiciones poco cuidadas que aumentan la sensación de desprotección. Aunque existen avances legislativos, la brecha entre la normativa y la realidad cotidiana sigue siendo una de las principales causas de desigualdad y exclusión.

Cambios necesarios para mejorar la calidad de vida

Para propiciar una mejora real en la calidad de vida de las personas con las que intervenimos, es imprescindible un cambio de enfoque que sitúe el bienestar emocional y la dignidad personal en el centro de las políticas educativas y sociales. Resulta fundamental reforzar la educación emocional de manera transversal desde etapas tempranas, así como garantizar apoyos estables y continuados a lo largo de las diferentes etapas vitales.

También es necesario fomentar modelos educativos más flexibles, accesibles y centrados en la persona, que reconozcan la diversidad como un valor y no como un problema. Desde la práctica psicopedagógica, esto implica trabajar no solo con los usuarios, sino también con los contextos, promoviendo la sensibilización, la formación de profesionales y la coordinación entre servicios.

Oportunidades y riesgos para la misión de la organización

La Fundación Asindown ofrece numerosas oportunidades para el desarrollo integral de las personas con discapacidad intelectual, destacando su enfoque inclusivo, el trabajo interdisciplinar y la creación de itinerarios formativos ajustados a las necesidades reales de los jóvenes. El compromiso del equipo profesional y la filosofía centrada en la persona constituyen una fortaleza clave para el cumplimiento de su misión.

No obstante, también se identifican algunos riesgos, como la dependencia de recursos externos, la sobrecarga de los profesionales y la dificultad para dar continuidad a determinados proyectos por limitaciones temporales o presupuestarias. A ello se suma el reto de adaptarse a una sociedad cada vez más digitalizada, donde los riesgos sociales y emocionales evolucionan rápidamente, exigiendo una actualización constante de las estrategias de intervención.

Reflexión final

Esta reflexión me ha permitido comprender que la intervención psicopedagógica va más allá de la aplicación de técnicas o programas concretos. Implica posicionarse éticamente, cuestionar las estructuras que generan desigualdad y asumir una responsabilidad social como profesional de la educación. Acompañar a estos jóvenes ha reforzado mi convicción de que la psicopedagogía debe ser una herramienta de transformación social, orientada no solo al desarrollo individual, sino también a la construcción de contextos más justos, inclusivos y humanos.

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TALLER 5. LO QUE HE APRENDIDO DE MÍ

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TALLER 5. LO QUE HE APRENDIDO DE MÍ

Fecha: 19 de diciembre de 2025 Descripción de la actividad Este taller constituye la sesión de cierre del proyecto Educación emocional y acompañamiento digital tras experiencias de bullying en jóvenes con discapacidad intelectual. La actividad se desarrolló en un aula tranquila, con música suave de fondo, con el objetivo de favorecer un clima de calma, seguridad y recogimiento emocional. La sesión se inició con la explicación del sentido del taller: mirar hacia atrás para reconocer los aprendizajes personales y emocionales…
Fecha: 19 de diciembre de 2025 Descripción de la actividad Este taller constituye la sesión de cierre del proyecto…

Fecha: 19 de diciembre de 2025

Descripción de la actividad

Este taller constituye la sesión de cierre del proyecto Educación emocional y acompañamiento digital tras experiencias de bullying en jóvenes con discapacidad intelectual. La actividad se desarrolló en un aula tranquila, con música suave de fondo, con el objetivo de favorecer un clima de calma, seguridad y recogimiento emocional.

La sesión se inició con la explicación del sentido del taller: mirar hacia atrás para reconocer los aprendizajes personales y emocionales vividos durante todo el proceso. A continuación, cada participante completó una ficha de autoevaluación en lectura fácil, donde pudieron expresar qué habían aprendido de sí mismos, qué actividades les habían resultado más significativas y cómo se sentían al finalizar el proyecto.

Posteriormente, se llevó a cabo la dinámica grupal “El círculo de lo aprendido”, en la que cada joven, de forma voluntaria, compartió una palabra o frase que resumiera su experiencia personal. Para cerrar la sesión, se elaboró de manera conjunta un mural simbólico titulado “Lo que he aprendido de mí”, en el que se recogieron mensajes positivos, fortalezas personales y logros alcanzados, reforzando así la autoestima y la cohesión grupal.

Objetivos

  • Valorar los aprendizajes personales y emocionales adquiridos durante el proyecto.

  • Favorecer la toma de conciencia sobre los cambios vividos a nivel emocional y relacional.

  • Reforzar la autoestima individual y el sentimiento de pertenencia al grupo.

  • Cerrar el proceso de intervención desde una mirada positiva y significativa.

Reflexión personal y fundamentación teórica

Este taller se fundamenta en el enfoque de la metacognición emocional, entendida como la capacidad de reflexionar sobre las propias emociones, reconocer los cambios internos y tomar conciencia de los aprendizajes personales (Bisquerra, 2003). En contextos de intervención emocional, especialmente con jóvenes que han vivido experiencias de acoso escolar, este tipo de reflexión resulta clave para consolidar avances y reforzar la percepción de autoeficacia.

Durante la sesión pude observar cómo muchos participantes eran capaces de verbalizar emociones y aprendizajes que, al inicio del proyecto, no sabían identificar. Expresiones como “ahora me siento más tranquilo”, “sé pedir ayuda” o “me conozco mejor” evidencian un proceso de crecimiento emocional significativo. Desde una mirada psicopedagógica, este taller permitió transformar la experiencia vivida en conocimiento personal, reforzando la autoestima y el sentido de logro.

A nivel profesional, esta sesión me hizo reflexionar sobre la importancia de los cierres en los procesos de intervención. No se trata únicamente de finalizar actividades, sino de ofrecer un espacio donde los aprendizajes puedan ser integrados, reconocidos y resignificados. La metacognición emocional no solo favorece el bienestar del alumnado, sino que también contribuye a una intervención más ética, respetuosa y centrada en la persona.

Evaluación de la intervención

La evaluación se realizó mediante una autoevaluación emocional en lectura fácil y un pequeño focus group final, complementado con el diario de observación del psicopedagogo/a en prácticas.

Indicadores observados:

  • Identificación de al menos un cambio positivo en uno mismo.

  • Expresión de satisfacción con la experiencia vivida.

  • Aumento de la confianza al expresarse en grupo.

  • Refuerzo de la cohesión grupal.

Los resultados muestran un impacto positivo en la autoestima y en la percepción de crecimiento personal. La mayoría de los participantes identificaron aprendizajes emocionales relevantes y expresaron sentirse orgullosos del proceso realizado.

Evidencias

  • Fichas de autoevaluación en lectura fácil (anonimizadas).

  • Mural colectivo “Lo que he aprendido de mí”.

  • Registro reflexivo del diario del psicopedagogo/a en prácticas.

(Todas las evidencias se han recogido respetando la confidencialidad y la privacidad de los participantes).

Observaciones personales

Este taller fue uno de los momentos más emotivos y significativos del proyecto. Se generó un clima de respeto, escucha y reconocimiento mutuo que permitió cerrar el proceso desde una vivencia positiva y reparadora. A nivel personal, confirmé la importancia de acompañar emocionalmente también los finales, ya que estos consolidan aprendizajes y dejan huella en la experiencia educativa.

Como dificultad, cabe señalar que algunos participantes necesitaron más tiempo o apoyo para expresar sus reflexiones, lo que reafirma la necesidad de adaptar siempre los ritmos y ofrecer múltiples formas de expresión. No obstante, el balance final fue muy positivo, tanto a nivel individual como grupal, consolidando el sentido del proyecto y reforzando el valor de la educación emocional en contextos de inclusión.

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MI TFM EN LAS PRÁCTICAS

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MI TFM EN LAS PRÁCTICAS

El pasado 15 de diciembre llevé a cabo un taller de escritura creativa en el centro donde realizo mis prácticas, una experiencia especialmente significativa ya que esta intervención se enmarca también dentro del desarrollo de mi Trabajo de Fin de Máster (TFM). De este modo, el espacio de prácticas se ha convertido no solo en un contexto de aprendizaje profesional, sino también en un escenario real de aplicación e investigación. El taller, titulado “Palabras que sienten: taller de escritura creativa…
El pasado 15 de diciembre llevé a cabo un taller de escritura creativa en el centro donde realizo mis…

El pasado 15 de diciembre llevé a cabo un taller de escritura creativa en el centro donde realizo mis prácticas, una experiencia especialmente significativa ya que esta intervención se enmarca también dentro del desarrollo de mi Trabajo de Fin de Máster (TFM). De este modo, el espacio de prácticas se ha convertido no solo en un contexto de aprendizaje profesional, sino también en un escenario real de aplicación e investigación.

El taller, titulado “Palabras que sienten: taller de escritura creativa para la expresión emocional”, tuvo una duración de dos horas y media y contó con la participación de entre 15 y 20 personas adultas con discapacidad intelectual, usuarias del centro socioeducativo. La propuesta partía de la idea de que la escritura, cuando se adapta y se acompaña adecuadamente, puede convertirse en una herramienta poderosa para la expresión emocional, la comunicación y la creatividad, favoreciendo además la cohesión grupal y el bienestar personal.

Los objetivos del taller se estructuraron en tres grandes ámbitos. Por un lado, se buscó facilitar la identificación y expresión de emociones, así como promover la autorregulación emocional a través de actividades narrativas accesibles. Por otro, se pretendía favorecer el diálogo, la escucha activa y la convivencia, generando un clima de confianza y respeto. Finalmente, el taller tenía un claro componente creativo, orientado a estimular la imaginación y la producción de textos propios en un entorno seguro y motivador.

La sesión se organizó en distintos bloques. En primer lugar, se realizó una bienvenida y activación emocional, donde los participantes pudieron expresar cómo se sentían mediante una “rueda de emociones” apoyada en pictogramas. Esta dinámica inicial permitió crear un clima de seguridad y anticipar el sentido del taller de forma clara y accesible.

A continuación, se desarrolló la actividad “Imagen que cuenta”, centrada en la expresión simbólica. Cada participante eligió una imagen y explicó qué le transmitía, apoyándose en la comunicación oral y visual. Posteriormente, se plasmó esa emoción o idea en una palabra o frase breve que pasó a formar parte de un mural colectivo, reforzando la sensación de pertenencia al grupo.

El núcleo del taller fue la actividad “Mi pequeña historia”, donde los participantes construyeron una mini-narración con apoyo de plantillas en lectura fácil y tarjetas con palabras inspiradoras. El acompañamiento se realizó desde un rol mediador, ofreciendo ayuda verbal y ejemplos sin dirigir el contenido, respetando en todo momento el ritmo y las decisiones de cada persona.

En el bloque de lectura compartida, quienes lo desearon leyeron sus historias al grupo. La dinámica de devolución positiva, basada en frases como “me ha gustado porque…”, favoreció la empatía, el reconocimiento mutuo y la validación emocional, aspectos clave tanto para el bienestar individual como para la convivencia grupal.

Finalmente, el taller concluyó con un cierre emocional, en el que los participantes expresaron cómo se marchaban mediante tarjetas con imágenes o palabras. Este momento permitió recoger sensaciones finales y cerrar la sesión de forma cuidada y respetuosa.

Durante todo el taller se tuvieron en cuenta adaptaciones y criterios éticos fundamentales, como el uso de apoyos visuales, la lectura fácil, la co-escritura cuando fue necesario y el respeto absoluto a los silencios y límites emocionales. En ningún momento se presionó a los participantes para compartir sus producciones, garantizando un entorno no evaluativo y seguro.

Esta experiencia ha supuesto un aprendizaje muy valioso dentro de mis prácticas, ya que me ha permitido diseñar, implementar y observar una intervención real, conectando teoría, práctica profesional e investigación académica a través de mi TFM. Además, ha reforzado mi convicción sobre la importancia de generar espacios de expresión creativa accesibles e inclusivos en contextos socioeducativos.

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Hoy he sido profe formadora por un día… ¡Y ha sido increíble!

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Hoy he sido profe formadora por un día… ¡Y ha sido increíble!

Hoy he tenido la oportunidad de dar clase yo sola durante toda la jornada. No con mi propia programación, sino siguiendo la del centro, lo que hacía el reto aún más interesante: entrar en su dinámica, respetar sus ritmos y, al mismo tiempo, aportar mi propia manera de enseñar.Y honestamente… ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mis prácticas hasta ahora. Uno de los momentos más especiales ha sido cuando hemos hablado sobre la inteligencia artificial. Queríamos entenderla…
Hoy he tenido la oportunidad de dar clase yo sola durante toda la jornada. No con mi propia programación,…

Hoy he tenido la oportunidad de dar clase yo sola durante toda la jornada. No con mi propia programación, sino siguiendo la del centro, lo que hacía el reto aún más interesante: entrar en su dinámica, respetar sus ritmos y, al mismo tiempo, aportar mi propia manera de enseñar.
Y honestamente… ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mis prácticas hasta ahora.

Uno de los momentos más especiales ha sido cuando hemos hablado sobre la inteligencia artificial. Queríamos entenderla no como un tema lejano o puramente técnico, sino como algo que ya forma parte de nuestra vida. Hemos reflexionado juntos sobre sus usos, sus ventajas, y también sus peligros: desde cómo puede ayudarnos a crear, hasta la importancia de usarla con responsabilidad y sentido crítico.

Después, hemos pasado a la parte más creativa… y ahí es donde la clase se ha transformado por completo.

Hemos usado ChatGPT para inventar cuentos, escribir poemas e incluso crear letras de canciones originales. La emoción en sus caras al ver que sus ideas cobraban forma de inmediato ha sido indescriptible. Pero lo mejor ha venido después: hemos utilizado otra IA para convertir esa letra en una canción cantada.
Escuchar su propio “tema musical” fue como encender un interruptor de ilusión en todo el aula.

Ha sido un día lleno de aprendizaje, risas, curiosidad y creatividad.
Un recordatorio precioso de por qué estoy aquí, formándome, observando, enseñando y aprendiendo a la vez.

Salgo del día con la sensación de que la educación —cuando se abre a la innovación, a la imaginación y al corazón— puede ser realmente mágica.

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Mi papel como psicopedagoga durante la intervención

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Mi papel como psicopedagoga durante la intervención

A medida que avanzo en la intervención que estoy llevando a cabo en el centro, siento que mi papel como psicopedagoga en formación se ha ido transformando. Al principio, llegué con la sensación de tener que demostrar que sabía hacerlo, que podía dirigir un taller, sostener un grupo, aplicar técnicas adecuadas. Sin embargo, con el paso de las sesiones, he comprendido que la psicopedagogía real va mucho más allá de ejecutar un plan o cumplir un guion. Es presencia, es…
A medida que avanzo en la intervención que estoy llevando a cabo en el centro, siento que mi papel…

A medida que avanzo en la intervención que estoy llevando a cabo en el centro, siento que mi papel como psicopedagoga en formación se ha ido transformando. Al principio, llegué con la sensación de tener que demostrar que sabía hacerlo, que podía dirigir un taller, sostener un grupo, aplicar técnicas adecuadas. Sin embargo, con el paso de las sesiones, he comprendido que la psicopedagogía real va mucho más allá de ejecutar un plan o cumplir un guion. Es presencia, es escucha, es ajuste continuo, es capacidad de leer lo que ocurre incluso cuando nadie lo verbaliza.

Durante estos primeros cuatro talleres, he podido observar cómo mi rol se ha ido moldeando en tres direcciones principales: acompañar, interpretar y sostener. Acompañar ha sido, quizá, la tarea más visible: estar con el grupo, facilitar dinámicas, guiar actividades, hacer preguntas, ofrecer apoyo. Pero acompañar no es solo facilitar, sino estar disponible emocional y cognitivamente. He descubierto que, cuando me sitúo desde una presencia calmada, los chicos responden mejor; cuando yo estoy en calma, ellos confían más y se permiten explorar sus emociones.

Interpretar ha sido la parte más delicada. Como psicopedagoga, he descubierto que debo leer lo que pasa entre líneas: un gesto de tensión en las manos, la mirada hacia abajo cuando surge un tema difícil, un silencio que pesa más de lo habitual. Muchas de estas señales no se nombran, pero indican procesos internos muy significativos. He tenido que aprender a no precipitarme, a no intervenir por intervenir, sino a esperar, observar y actuar cuando es necesario. Este aprendizaje me está enseñando algo fundamental: la intervención psicopedagógica no es invasiva, sino respetuosa y atenta.

Sostener ha sido, para mí, la parte más transformadora. Sostener al grupo emocionalmente cuando aparece un recuerdo doloroso. Sostener a un alumno que se frustra y necesita un espacio seguro para bajar la intensidad. Sostener la mirada de alguien que no quiere hablar, pero que agradece que no lo fuerces. Sostener también mis propias inseguridades cuando sentía que una dinámica no estaba funcionando como esperaba. En este proceso he entendido que sostener no significa solucionar o rescatar, sino ofrecer un espacio estable donde los demás puedan procesar lo que sienten sin miedo a ser juzgados.

También he comprobado que mi papel no se limita al momento del taller. Antes de cada sesión, he tenido que anticipar posibles dificultades, adaptar materiales, pensar estrategias alternativas y revisar mis decisiones éticas. Después de cada sesión, he reflexionado sobre el impacto que he tenido en el grupo, sobre cómo mis palabras, mis gestos o incluso mis silencios han influido en la dinámica. Este ejercicio constante de autorreflexión me ha ayudado a crecer profesionalmente y a reconocer mis propias áreas de mejora.

A nivel ético, me he dado cuenta de que mi responsabilidad es enorme. No puedo pedir que compartan experiencias si no garantizo seguridad emocional. No puedo pedir que se respeten entre ellos si yo no soy un modelo de respeto. No puedo hablar de autoestima si no cuido la manera en que me dirijo a ellos. La coherencia profesional ha sido, para mí, un espejo imprescindible.

Y, aunque he vivido momentos de duda y de autoexigencia, también he experimentado momentos de conexión profunda con el grupo. He visto cómo se escuchaban entre ellos, cómo se atrevían a nombrar miedos, cómo construían normas desde la cooperación. En esos momentos, he sentido claramente cuál es la esencia del trabajo psicopedagógico: ofrecer herramientas para que las personas puedan comprenderse mejor, convivir mejor y cuidarse mejor.

Este proceso me está ayudando a construir una identidad profesional basada en la sensibilidad, la ética, la flexibilidad y el respeto por la singularidad de cada persona. Me está mostrando que el rol del psicopedagogo no es ser protagonista, sino facilitador; no es tener todas las respuestas, sino ayudar a otros a encontrarlas; no es dirigir desde arriba, sino acompañar desde un lugar horizontal y respetuoso.

Hoy, mientras escribo esta reflexión, siento que estoy comenzando a habitar ese rol. No desde la teoría, sino desde la experiencia viva. Y eso, al final, es lo que está dando sentido a todo este proceso de prácticas: descubrir quién soy como psicopedagoga cuando estoy delante de un grupo real, con personas reales, con historias reales. Descubrir cuál es mi manera de acompañar y cómo puedo seguir creciendo para hacerlo cada vez con más conciencia, rigor y humanidad.

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REFLEXIONES TRAS LOS 4 PRIMEROS TALLERES

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REFLEXIONES TRAS LOS 4 PRIMEROS TALLERES

Terminado el cuarto taller del plan de intervención que estoy llevando a cabo en el centro, siento la necesidad de parar, respirar y escribir. Aún queda por realizar el último encuentro, pero me parece importante recoger ahora, en este punto intermedio, todo lo que está emergiendo en mí y en el grupo. A veces, la práctica psicopedagógica no se entiende solo desde lo que hacemos, sino desde lo que observamos, lo que sentimos y lo que nos transforma mientras acompañamos.…
Terminado el cuarto taller del plan de intervención que estoy llevando a cabo en el centro, siento la necesidad…

Terminado el cuarto taller del plan de intervención que estoy llevando a cabo en el centro, siento la necesidad de parar, respirar y escribir. Aún queda por realizar el último encuentro, pero me parece importante recoger ahora, en este punto intermedio, todo lo que está emergiendo en mí y en el grupo. A veces, la práctica psicopedagógica no se entiende solo desde lo que hacemos, sino desde lo que observamos, lo que sentimos y lo que nos transforma mientras acompañamos.

Cuando empecé este proceso, tenía muy claras las necesidades detectadas en el grupo: dificultades emocionales vinculadas a experiencias pasadas de rechazo, baja autoestima, inseguridades ante la exposición pública y un uso poco consciente de las redes sociales. Sin embargo, una cosa es conocer una realidad en papel y otra muy distinta es encontrarse frente a frente con personas reales, con historias reales, con silencios que pesan y miradas que cuentan más que cualquier indicador.

El primer taller fue, para mí, una toma de contacto emocional muy intensa. Trabajar sobre la identificación de emociones puede parecer algo sencillo desde el exterior, pero cuando se trata de jóvenes que han aprendido a callar para sobrevivir, cualquier intento de pedirles que pongan nombre a lo que sienten se convierte en un acto de valentía. A pesar de la resistencia inicial, pude ver cómo poco a poco el uso de apoyos visuales, dinámicas de juego y el clima seguro fueron abriendo pequeñas grietas por donde empezó a asomarse su mundo emocional. Ese día entendí que no puedes pedir expresión si antes no construyes confianza.

En el segundo taller, centrado en la empatía y las relaciones, me encontré con algo que no esperaba tan pronto: la memoria emocional. Cuando un alumno revivió una situación de burla del pasado durante una dramatización, fue como ver de golpe todo aquello que había quedado oculto bajo años de silencio. Ese momento me enseñó que el papel del psicopedagogo no es únicamente guiar actividades, sino sostener, contener y acompañar la vulnerabilidad cuando aparece. Pude ver también cómo el grupo reaccionaba, cómo se miraban entre ellos, cómo se cuidaban sin que nadie se lo pidiera. Fue uno de los momentos más humanos del proceso.

El tercer taller, dedicado al uso de redes sociales, me conectó con otra realidad: la impulsividad y la necesidad de pertenencia. Para ellos, el mundo digital no es un espacio aparte, sino una extensión de su vida social. Y sin embargo, la falta de límites claros los coloca en situaciones de riesgo. Trabajar con ejemplos cercanos permitió que entendieran mejor la importancia de proteger su intimidad, pero también me dejó claro que este tema requiere continuidad. No basta una sesión: las redes evolucionan, los riesgos cambian y ellos necesitan acompañamiento permanente.

El cuarto taller, donde construimos juntos un decálogo de convivencia y normas para el uso seguro de redes, fue especialmente significativo. Pude observar cómo iban conectando aprendizajes previos y cómo transformaban conceptos abstractos en compromisos concretos. Para mí fue una confirmación de que las sesiones anteriores habían tenido eco. En sus propuestas aparecían términos como respeto, empatía, calma o responsabilidad digital. Escucharles debatir, defender ideas, negociar y llegar a acuerdos me permitió verles en una faceta más madura y consciente.

A nivel personal, estos cuatro talleres me están moldeando. Me he visto a mí misma dudando, reajustando dinámicas, respirando hondo cuando algo no salía como esperaba y sintiendo un profundo respeto por las historias que me estaban compartiendo. También he descubierto cosas de mí que no sabía: mi capacidad para adaptarme, la importancia de mis silencios, el valor de escuchar sin prisa, la necesidad de observar más allá de lo evidente. La práctica me está enseñando que la psicopedagogía va de personas, de vínculos y de tiempos. Y también de límites, de ética y de presencia.

Ahora, antes de cerrar el proceso con el último taller y de realizar la evaluación completa, siento que detenerme a escribir esto me ayuda a tomar conciencia de lo vivido. Me permite ordenar emociones, integrar aprendizajes y prepararme para la fase final del proyecto. A veces, reflexionar es también intervenir: me ayuda a ver mejor, a comprender con más profundidad y a actuar desde un lugar más consciente.

Sigo adelante con ilusión, respeto y una enorme gratitud hacia el grupo y hacia este proceso que, poco a poco, está dando forma a mi identidad profesional.

Debate0en REFLEXIONES TRAS LOS 4 PRIMEROS TALLERES

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TALLER 4: DECÁLOGO DE CONVIVENCIA Y REDES SEGURAS

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TALLER 4: DECÁLOGO DE CONVIVENCIA Y REDES SEGURAS

El pasado 1 de diciembre llevé a cabo el cuarto taller de la programación, que tuvo como propósito consolidar los aprendizajes construidos durante las sesiones anteriores y transformarlos en un producto compartido, significativo y útil para la convivencia del grupo: un Decálogo de Convivencia y Redes Seguras. Esta sesión se planteó como un espacio de síntesis y reflexión colectiva. A través del trabajo colaborativo y del pensamiento positivo, buscamos que los participantes reconocieran aquello que ya habían aprendido sobre gestión…
El pasado 1 de diciembre llevé a cabo el cuarto taller de la programación, que tuvo como propósito consolidar…

El pasado 1 de diciembre llevé a cabo el cuarto taller de la programación, que tuvo como propósito consolidar los aprendizajes construidos durante las sesiones anteriores y transformarlos en un producto compartido, significativo y útil para la convivencia del grupo: un Decálogo de Convivencia y Redes Seguras.

Esta sesión se planteó como un espacio de síntesis y reflexión colectiva. A través del trabajo colaborativo y del pensamiento positivo, buscamos que los participantes reconocieran aquello que ya habían aprendido sobre gestión emocional, empatía, seguridad digital y convivencia. Nuestro objetivo era que fueran ellos mismos quienes dieran forma a un conjunto de normas claras, accesibles y consensuadas.

El taller respondía a una necesidad detectada en el grupo: la falta de normas comunes de convivencia y un escaso sentimiento de pertenencia. Por ello, reforzar la cohesión y la corresponsabilidad se convirtió en un eje central del trabajo.

La sesión se desarrolló en un ambiente participativo y muy activo. Para ello utilizamos un aula adaptada con pizarra, cartulinas, rotuladores y el material visual de apoyo del taller.

Primera parte: trabajo en pequeños grupos.

Los participantes se organizaron en grupos reducidos para recordar juntos los contenidos de los talleres anteriores. Sobre esa base, debían pensar qué normas podían ayudar a convivir mejor en el aula y a utilizar las redes sociales de forma respetuosa y segura. Con ejemplos visuales y frases sencillas, cada grupo generó propuestas centradas en: respeto y empatía, autocuidado, seguridad digital, formas adecuadas de pedir ayuda, y modos positivos de relacionarse.

Segunda parte: puesta en común y construcción del decálogo.

En un clima de escucha y cooperación, cada grupo expuso sus ideas y las fuimos integrando hasta consensuar diez normas esenciales. Cada alumno las escribió en una hoja individualmente para, posteriormente, en sus clases de informática, pasarlo a limpio en CANVA y poder imprimirlo.

La evaluación se realizó mediante observación directa, atendiendo especialmente a la participación activa, la contribución de ideas propias, la aceptación de las normas consensuadas, y la comprensión del sentido de cada regla. Los indicadores fueron muy positivos: se observó una mayor cohesión grupal, un clima colaborativo y un claro sentido de pertenencia. Fue un taller especialmente enriquecedor, donde los participantes se sintieron protagonistas y responsables de las normas que ellos mismos construyeron.

Por motivos legales, no puedo compartir fotografías de los participantes. Sin embargo, adjunto el PowerPoint utilizado durante la sesión, que recoge los apoyos visuales empleados para facilitar la comprensión y la participación de todos.

 

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TALLER 3: REDES CON CABEZA Y CORAZÓN

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TALLER 3: REDES CON CABEZA Y CORAZÓN

El pasado 24 de noviembre de 2025 tuve la oportunidad de impartir el tercer taller del proyecto Educación emocional y acompañamiento digital tras experiencias de bullying en jóvenes con discapacidad intelectual. Esta sesión, titulada «Redes con cabeza y corazón», fue especialmente enriquecedora y bonita porque trabajamos de forma muy vivencial la relación entre nuestras emociones y la manera en que usamos las redes sociales. Desde el inicio, el grupo mostró mucho interés y curiosidad. Comenzamos conociendo qué son las redes,…
El pasado 24 de noviembre de 2025 tuve la oportunidad de impartir el tercer taller del proyecto Educación emocional…

El pasado 24 de noviembre de 2025 tuve la oportunidad de impartir el tercer taller del proyecto Educación emocional y acompañamiento digital tras experiencias de bullying en jóvenes con discapacidad intelectual. Esta sesión, titulada «Redes con cabeza y corazón», fue especialmente enriquecedora y bonita porque trabajamos de forma muy vivencial la relación entre nuestras emociones y la manera en que usamos las redes sociales.

Desde el inicio, el grupo mostró mucho interés y curiosidad. Comenzamos conociendo qué son las redes, cómo funcionan y qué usos son correctos, con pequeños ejemplos de situaciones cotidianas en redes: comentarios impulsivos, fotos personales, reacciones emocionales… A partir de estos materiales, y con el apoyo de vídeos breves, pudimos hablar sobre qué mensajes transmitimos sin darnos cuenta y cómo pueden sentirse otras personas al verlos.

Lo más valioso fue el debate grupal que surgió: compartieron experiencias reales, identificaron riesgos frecuentes (como compartir información personal, reaccionar desde el enfado o aceptar a desconocidos) y reflexionaron sobre cómo influyen las redes en su bienestar emocional. Fue un momento muy auténtico, lleno de sinceridad y ganas de aprender.

Entre todos fuimos construyendo una lista de “buenas prácticas digitales”, centradas en el respeto, la empatía y la privacidad. Escuchar sus aportaciones fue inspirador: demostraron una gran capacidad para analizar situaciones y proponer alternativas más seguras y responsables.

La sesión terminó con una pequeña reflexión individual sobre cómo sentirse bien en internet cuidando también el espacio emocional de los demás. Me llevo la sensación de que el grupo avanzó muchísimo, no solo en conocimientos digitales, sino también en habilidades personales para relacionarse de forma sana en el entorno online.

Aunque no puedo compartir fotografías del taller por motivos de privacidad y protección de derechos, adjunto el PDF del material utilizado, para que pueda consultarlo cualquier persona interesada en el contenido trabajado.

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